La historia de Yehá

La madre de Yehá le pide que cuide la puerta de la casa mientras ella sale, y el niño se sienta junto a la puerta comiendo albaricoques secos.Yehá saca la puerta de la casa y la lleva a la espalda para no separarse de ella mientras va a buscar a su madre.Yehá aparece cargando la puerta frente a su madre y varios vecinos, que lo miran sorprendidos.
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Una mañana, encontrándose Yehá en su casa, le dijo su madre:

—Yo voy con los vecinos a dar un paseo por la orilla del lago; quédate y guarda bien la puerta de la casa.

No te separes de ella por ningún motivo.

Se sentó Yehá en el umbral de la puerta y se puso a comer albaricoques secos que le había dejado su madre.

Poco después vino su tío que llegaba del pueblo y creía encontrar en la casa a la madre de Yehá.

Como no fue así, dijo a su sobrino:

—Vendré por la tarde con tu tía; marcha y díselo a tu madre.

Inmediatamente sacó Yehá la puerta de sus goznes,

y cargándosela en la espalda, marchó al encuentro de su madre.

Cuando esta lo vio llegar, le preguntó asombrada:

—¿Qué significa esto?

—Usted me ha ordenado que no me separe de la puerta

—le contestó—.

Pues bien, mi tío llegó diciendo que esta tarde vendría a casa con mi tía y me encargó que se lo comunicara.

Por mucho que he pensado… ¡no encuentro otra solución más acertada para obedecer a los dos!

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